Las 20 horas
Uno de los aspectos menos conocidos de los Aztecas es la forma en la que midieron el día y establecieron las horas que lo componen. En el siglo XVI, Fray Bernardino de Sahagún se refiere al reloj Azteca cuando relata en La Historia General de las Cosas de la Nueva España, que los naturales de estas tierras tuvieron y tienen gran solicitud en saber el día y la hora de nacimiento para adivinar las condiciones, la vida y la muerte de los nacidos.En el códice Borgia, uno de los pocos Tonalámatl que sobrevivió su destrucción y llegó a nuestros días, es posible apreciar la representación de las horas del reloj que usaron los Tonalpouhqui para predecir las características de los recién nacidos.
Uno de los métodos más antiguos para medir la duración del día consiste en registrar los momentos en los que el Sol está sobre la cabeza, en el cenit; bajo los pies, en el nadir; al amanecer, en el orto; y al atardecer, en el ocaso.
La medicion Azteca del Tiempo divide el día en veinte horas y las agrupa en cuatro periodos de cinco horas, correspondiendo el inicio de cada uno de ellos, con los momentos en los que el Sol se encuentra las posiciones celestes arriba mencionadas. Así, el reloj empieza a contar sus horas a partir del primer día del año, el cual, puede comenzar al amanecer, al medio día, al atardecer o a la media noche. De esta forma, el cálculo del año solar es completo y no se tienen años bisiestos.
Lo característico de esta forma de medir el tiempo, es que empieza a contar las horas a partir del momento en el que inicia el año; cada serie de cinco horas abarca el tiempo que toma el Sol en cambiar de posición celeste y cada hora es regida por una personificación asociada con aspectos de la naturaleza humana.
Así, de acuerdo con el tipo de año la hora uno comienza al amanecer, en los años Conejo; al medio día en los Carrizo; a la puesta del Sol, en los Pedernal y a la media noche, en los Casa.
Las horas también se fraccionan en cuartos de hora, los cuales se representan mediante los ideogramas de los veinte días del calendario y cada periodo de cinco horas comprende una serie de veinte cuartos de hora.
Los periodos de cinco horas se reconocen por la forma en la que el regente de cada hora se relaciona con la figura del recién nacido. En las primeras cinco horas los regentes le imponen una espina en el entrecejo para señalar así, que serán personas con un punto de vista diferente del común de la gente. De la hora seis a la diez los regentes lo entregan, para significar que los aquí nacidos se consagran a la vida. De la once a la quince, lo sostienen por su ombligo para indicar que serán dependientes del elemento protector y de la dieciséis a la veinte lo amamantan para señalar que van a recibir mucho en su vida.